Ahora ya no, ahora han pasado años, estaciones... y yo apenas me acuerdo de escribir.
Ya no cuento sonrisas con los dedos de la mano, dejé de usar la talla treinta y cuatro y de teñirme el pelo de colorines.
Por entonces los recuerdos se quedaban grabados en la cabeza y ahora se pueden plasmar en una fotografía.
Los sueños tenían la edad de quince años. Y ahora lo único que queda, son vivencias a partir de los 18.
Jugabas a mamás y a papás, y ahora no es ningún juego.
Para bien o para mal, cambios, transiciones, etapas...que nunca dejarán de sorprenderme.
Qué importan unos cuántos números? Aquí lo que se cuenta, es el tiempo.
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